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BEATO SEBASTIÁN DE APARICIO

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Patrón de los viajeros, choferes y caminantes.

Fiesta: 25 de Febrero
 

Nació el 20 de enero de 1502, en Gudiña (España). Desde niño, será instruido en las oraciones, en el catecismo, y en las diversas artes campesinas: hacer leña, cuidar los animales, regar, cultivar el campo, arreglar el carro, las cercas y tejados, y tantas cosas más que va a seguir ejercitando toda su vida.


Cuando niño, llegó a su pueblo una terrible epidemia y a todos los apestados los alejaban de los demás para evitar contagios. Sebastián enfermó y la mamá lo llevó a una cueva. Pero llegó una loba y lo mordió, y con la hemorragia se curó de la enfermedad. Desde entonces tuvo un especial amor por los animales y una influencia admirable sobre ellos. De adolescente, una viuda joven y rica, se enamoró de él y trató de hacerlo pecar. Sebastián vio que corría peligro la salvación de su alma y huyó de allí, porque sabía que la belleza y las riquezas de esa mujer podían llevarlo a ofender a Dios. Tiempo más tarde, fue Sebastián a Sanlúcar, de donde partían los barcos hacia América, y venció otra vez, sostenido por Cristo, violentos asedios femeninos.


A los 31 años, en 1533, decide a migrar hacia América, y radica hasta 1542 en la ciudad mexicana de Puebla. Donde cultiva, sin gran provecho, trigo y maíz. Pero pronto se dedica a perseguir novillos, lacearlos y domarlos, para formar con ellos yuntas de bueyes, podemos decir que es un iniciador del "charro mexicano". Por Puebla pasaban interminables caravanas que del puerto de Veracruz se dirigían a la Ciudad de México, siguiendo un camino ya abierto desde 1522. Sebastián forma una pequeña sociedad de carretas de transporte, tiradas por bueyes, que evita a los indígenas el duro trabajo de transportar todo sobre sus espaldas.


En 1542 se traslada a la Ciudad de México y logró, desde México, abrir camino de carros para Zacatecas. Durante 10 años transporta minerales de plata de las minas de Zacatecas a la Casa de Moneda de México, y también transporta viajeros. Hoy en día admira aún la obra titánica de Sebastián por sus vastas y grandiosas proporciones: tuvo que allanar hondonadas, rodear montes, construir puentes de madera, llevar provisiones para sus trabajadores y, sobre todo, lograr la amistad con las tribus "chichimecas", tristemente célebres por su ferocidad. Sus cuadrillas de carretas recorrieron aquellas larguísimas distancias sin ser molestadas por los chichimecas, quienes al ver la mansedumbre y caridad con que los trataba Sebastián le amaron, le protegieron y nunca le hicieron mal alguno.


En 1552, tras 18 años de carretero y empresario, y ya con 50 años de edad, vende sus carros, y se establece en una hermosa hacienda de Tlalnepantla, cerca de México. NoBEATO_SEBASTIAN_DE_APARICIO obstante su riqueza, vestía como cualquiera, dormía sobre un "petate" y comía, como la gente pobre, tortillas de maíz con chile; sólo añadía algo de carne en domingos y fiestas. La casa de Sebastián en Tlalnepantla fue testigo de muchas obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. Sus campos eran una escuela práctica donde aprendían los indios la labranza; su hogar se convirtió en asilo seguro donde encontraban los pobres y menesterosos refugio y donde podían aprender las virtudes cristianas que Sebastián no dejaba nunca de ejercitar. Entre estas virtudes sobresalía su amor ardiente al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, cuyo rosario no omitió en todos los días de su vida.


Las riquezas que honrada y justamente había adquirido atrajeron las miradas codiciosas de varios vecinos suyos para persuadirle a contraer matrimonio. Las proposiciones no podían ser sino ventajosas; y con todo, Sebastián las rechazó constantemente. Después se traslada a Chapultepec. Allí tiene una enfermedad muy grave y recibe los últimos sacramentos, pensando ya en morirse. Recuperada la salud, muchos le recomiendan que se case. Tras muchas dudas y oraciones, y a los 60 años, en 1562, se casa con la joven hija de un amigo vecino de Chapultepec en la iglesia de los franciscanos de Tacuba, haciendo con su esposa vida virginal. Pensando estaban sus suegros en entablar proceso para obtener la nulidad del matrimonio, cuando la esposa muere, en el primer año de casados, y Sebastián, después de entregar a sus suegros los dos mil pesos de la dote, de nuevo se va a vivir a Atzcapotzalco.


Un segundo matrimonio contrajo a los 67 años, con una "indita noble y virtuosa, llamada María Esteban", hija jovencita, como su primera esposa, de un amigo suyo. Fue también éste un matrimonio virginal, como el mismo Sebastián asegura en cláusula del testamento hecho entonces y aún conservado en estos días. Para ésta, como para su primera esposa, fue como un padre muy bueno. Pero tampoco esta felicidad terrena había de durarle, pues antes del año la esposa muere en un accidente, al caerse de un árbol donde recogía fruta. Sebastián la quiso mucho, como también a su primera esposa.

Sebastián de Aparicio, humilde y casto al estilo de San José, tenía necesidad de conocer su vocación: siempre inclinado a la austeridad de vida, el Señor ponía en sus manos la riqueza. Siempre inclinado al celibato, la Providencia le llevaba a dos matrimonios, seguidos de prematura viudez. Pasando por graves enfermedades, el Señor le daba larga vida...


Verdaderamente la vida de Sebastián de Aparicio nos asegura una vez más que los caminos de la Providencia Divina son misteriosos. Quiso Dios que Sebastián fuera todo lo que fue hasta llegar a fraile franciscano. Las clarisas de México, a poco de su fundación, pasan por graves penurias económicas. Y el confesor de Sebastián sugiere a éste que les ayude con sus bienes y como: hermano lego, portero y mandadero. La respuesta es inmediata: a fines de 1573, ante notario, cede todos sus bienes, que ascendían a unos 20,000 pesos, a las clarisas. Los conocidos de Sebastián empiezan a no entender nada de su vida, viendo que el rico hacendado se ha transformado en modesto criado de un convento femenino de clausura, entonces es precisamente cuando a él se le van aclarando las cosas: por fin su vida exterior va coincidiendo con sus inclinaciones interiores más profundas y persistentes.


La vocación religiosa de Sebastián, después de más de un año de mandadero y sacristán de las clarisas, queda probada suficientemente, y a los 72 años, es investido del hábito franciscano. Los frailes de San Francisco, que le conocían y estimaban, lo acogieron... Pero el buen Hermano lego Sebastián da en el noviciado muestras no solo de oración y virtud, sino también de laboriosidad: barre, friega, cocina, atiende a cien cosas, siempre con serena alegría. En 1575 recita la solemne fórmula: "Yo, Fray Sebastián de Aparicio, hago voto y prometo a Dios vivir en obediencia, sin cosa alguna propia y en castidad, vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, guardando la Regla de los frailes menores". Y un fraile firma por él, pues es analfabeto. Enseguida le llaman a Puebla de los Ángeles, donde el gran convento franciscano, con su centenar de frailes, empeñados en mil tareas de evangelización y educación de los indios, necesitan un buen limosnero.


A sus 75 años, Fray Sebastián retoma su carreta, recorriendo sin cesar unos 250 kilómetros a la redonda, esta vez para recoger ayudas no sólo para los frailes de su comunidad, sino también para los pobres que en el convento se atienden día a día. El viejito que los frailes franciscanos han recibido por pura generosidad, va a servirles de limosnero 23 años, de los 75 a los 98. Muchas noches las pasa a la luz de las estrellas, al cobijo de su carreta. Al igual que San Francisco, Fray Sebastián quería mucho a los animales, pero también tuvo un gran dominio sobre los toros y animales indómitos. Cierto día, el superior le ordenó acarrear piedra del río sobre un mulo que nadie había podido domar, ni siquiera acercarse a él. Fray Sebastián fue al animal y le dijo que era necesario trabajar. El antes salvaje y rudo mulo a las palabras del fraile dócilmente se sujetó.


Los labradores le buscaban para que quitara las tempestades o acabara con las plagas de sus sembradíos, lo que siempre hacía llevado de su gran caridad. Su cordón (con el cual se ciñen los franciscanos el hábito) se hizo famoso en muchísimas partes. Al simple contacto del cordón sanaban los enfermos y las mujeres en difíciles partos daban a luz felizmente. Uno de los más antiguos biógrafos de Fray Sebastián, se refiere a su cordón como el "sanalotodo", y cita el milagro que Dios obró por medio de su siervo Sebastián: "Aconteció que un niño de 14 meses, hijo de unos bienhechores del convento, se metió debajo de una carreta tirada por toros. Asustados éstos arrancaron y la pesada rueda pasó sobre el niño, enterrándolo en la tierra. Poco después llegó Fray Sebastián y los padres del niño se lo presentaron muerto, rogándole hiciese algo por ellos. El fraile rogó a Dios y el niño resucitó por sus súplicas". El demonio acostumbraba asaltarlo por las noches con visiones horribles para tratar de obtener que se saliera de la comunidad religiosa. Una noche fueron 2 amigos a acompañarlo en su habitación, y los terrores diabólicos fueron tan espantosos que estos hombres nunca más se atrevieron a aparecerse por allí. Pero Fray Sebastián alejaba a los demonios con la oración.


A los 98 años, regresa desde un monte de Tlaxcala con su carreta, cuando los dolores de la hernia se le agudizan hasta producirle náusea y vómitos. Se las arregla, quién sabe cómo, para llegar al convento de Puebla. El padre Guardián le obliga a guardar cama en la enfermería. Después de 5 días que dura allí, Fray Sebastián pide a su paisano que lo lleve a su celda, y que le permitan descansar sobre el suelo... Él, desde hace mucho tiempo, tenía preferencia por acostarse directamente en el suelo: "Mejor está la tierra sobre la tierra", solía decir. A las 8 de la noche del 25 de febrero de 1600, con 98 años, postrado en tierra, al modo de San Francisco, Fray Sebastián de Aparicio entrega a Dios su espíritu, al tiempo que dice "Jesús".

Dos veces fue desenterrado su cadáver, y las dos apareció incorrupto y despidiendo un suave perfume. Al morir quedó su rostro hermoso y alegre, como si estuviera vivo. Junto a su sepulcro se obraron varios milagros, de los cuales mencionamos los que constan en su expediente para beatificación el cual dice así: ”... El Primer milagro es: La curación repentina de la mano y del brazo contraídos de la niña Agustina de Nueva, de 9 años de edad, los cuales estaban imposibilitados para cualquier movimiento. El segundo es: La curación instantánea del niño Diego Méndez, de 7 años de edad, el cual había nacido con los pies completamente torcidos de modo que no podía sostenerse en ellos, ni caminar. El Papa me entregó este decreto a mí, el Secretario, para que lo publicara y lo insertara en las Actas de la Sagrada Congregación, el 4 de octubre de 1788. J. Cardenal Archinto, Prefecto. D. Copolla, Secretario de la Sagrada Congregación de Ritos.”

Esperamos que no esté lejano el día en que la Santa Iglesia inscriba en el catálogo de los santos al "Fraile carretero", que trabajó como pocos en México, y dio pruebas de acrisoladas virtudes a la Orden de San Francisco de Asís.

Oración para pedir favores por intercesión del Beato Sebastián de Aparicio

Querido hermano Sebastián de Aparicio, que siempre manifestaste gran caridad para solucionar los problemas de tus hermanos, mira ahora esta necesidad que me aflige y compadécete de mí. Ruega acompañado de nuestra Dulce Madre María, a nuestro buen Padre Celestial, para que Él disponga de los medios adecuados para obtener... (se menciona la gracia) ... que tanto requiero, si es para mayor Gloria de Dios. Ofrezco, imitar tus virtudes, propagar tus favores y difundir tu devoción, para que Jesús sea alabado por medio tuyo. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Si Dios condece un favor extraordinario por intercesión del beato Fray Sebastián a alguna persona, comuníquelo cuanto antes al RP. Vice-Postulador de la Causa, el R.P. Fr. Alberto Hernández, O.F.M. que se encuentra en el Templo de San Francisco en, Puebla, Puebla, México al tel: (01) (222) 235 8308 Si quiere visitar el templo donde se encuenta el cuerpo incorrupto del Beato Sebastián de Aparicio, adquirir reliquias, oraciones y libros, de este Beato, favor de dirigirse a: Templo de San Francisco en Blvd 5 de Mayo y 14 Oriente; Puebla, México Tel: (01) (222) 235 8308


Publicado febrero 2006 Periódico Sagrada Familia

 
 
 
 

          

 

 

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